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lunes, 6 de octubre de 2008

Historias de Biblioburro

Luis Humberto Soriano es maestro de enseñanza primaria, tiene dos burros y 3.500 libros. Con ellos ha armado una biblioteca móvil que recorre algunos de los pueblos hirvientes y perdidos del departamento del Magdalena en Colombia. Todos los sábados carga sus animales con enciclopedias, textos escolares, atlas de geografía, cuentos para niños, literatura universal, y sale no sin antes guindar de Alfa el aviso que define este delirio: BIBLIOBURRO. Luego se cala su sombrero vueltiao y arranca la procesión del conocimiento; presta libros, enseña a leer y descubre el mundo a niños y adultos por igual.

Nuestro singular personaje vive en la vereda La Gloria, entre los municipios de Nueva Granada y Ariguaní, y desde que tomó la decisión de llevar la cultura por la zona, la recorre montado en el lomo de Beto llevando siempre detrás a Alfa. Podríamos decir que Soriano es un hombre feliz con el destino que eligió, se ha ganado el cariño y respeto de sus paisanos y su ocupación le ha prodigado la satisfacción de ver crecer culturalmente a muchos de sus conciudadanos y le divierte ir de vereda en vereda contemplando el paisaje campesino. El día de los hechos se levantó muy temprano como siempre, bebió café negro muy caliente y lo saboreó lentamente, sin prisas; encendió la radio para escuchar las noticias y desde la puerta del patio echó un vistazo a Alfa y Beto que comían un poco de hierba fresca cortada el día anterior. Recostado en un taburete divagó un poco acerca de una noticia que había escuchado sobre la lejana guerra africana que desangraba a la nación víctima del conflicto. Después cumplió el ritual mañanero de la limpieza y ese día puso especial cuidado en la afeitada: quería verse con el rostro limpio y fresco para impactar a una señora que conoció en sus visitas veredales. Se rió de un gallo que correteaba a una gallina rojiza para treparla, pensó que él merecía la misma suerte y eso estimuló su optimismo respecto a las posibilidades con la mujer a la que sólo había lanzado deseosas miradas en sus rutinarios peregrinajes, promoviendo la lectura por la región. El tiempo ese día anunciaba que habría sol intenso. Desayunó huevos fritos, pan con mantequilla y café con leche; luego se vistió con vaqueros azules, camisa amarilla, sandalias y su infaltable sombrero vueltiao para protegerse de los rayos solares.

Durante una escala en el pueblo de la mujer anhelada, a la que esta vez no sólo miró sino trató por unos minutos con las palabras más eficaces que pudo elegir; sintió que la había impresionado y que el siguiente paso era profundizar con ella el acercamiento hasta coronar con éxito la conquista. Tuvo incluso la inspiración repentina de recitarle un poema de amor de Neruda. Por aquel prometedor encuentro, Soriano pasó un día quizás mejor que los demás y en la libreta de control iba apuntando, como todos los sábados, los libros que dejaba en cada pueblo. A las cinco de la tarde procedió a regresar a La Gloria; nada presagiaba lo que pasaría media hora después.

Era un retorno normal, Soriano sentía que había cumplido otro día con el deber que se ha impuesto desde que tomara la decisión de crear aquella biblioteca ambulante. Había partido de La Belleza, la última vereda de su recorrido, cuando estuvo cerca de un arroyo conocido como El Brasil notó la presencia de una manada de cinco burros que inicialmente no le produjeron ninguna alarma, parecían unos animales comunes y silvestres como tantos que había visto en distintos lugares. No tardó, sin embargo, en darse cuenta de que se trataba de unos asnos de otro tipo, de una disposición que jamás había visto en otros machos de esa especie animal. Muy briosos, como impulsados por un instinto desaforado, se abalanzaron sobre Alfa, y uno a uno la hicieron objeto de sus insaciables apetitos. Ante los ojos incrédulos de Soriano, los cinco burros frenéticos poseyeron a Alfa sin que ésta intentara la menor resistencia, como si hubiese decidido hacerse cómplice de aquella metódica violación asnal. Pero tal vez lo más terrible vendría después. Luego de despacharse a Alfa, los cinco compinches rodearon a Beto con actitud homicida, se le fueron encima con la inocultable intención de hacer lo mismo que con Alfa en medio de su docilidad; por supuesto Beto, macho genuino, sin grietas en su virilidad, de intachable masculinidad, y con Soriano en el lomo, se opuso en legítima defensa, y en la mitad de aquella burro trifulca, el profesor cayó al suelo, aterrado y tembloroso, sufrió excoriaciones y una fractura en la pierna izquierda cuando la estampida de burros libidinosos pasó sobre él.

La historia no parece creíble, pero ocurrió; en la región bautizaron a la banda de burros como “Los Traquetos” y les pusieron los nombres de “Terminator”, “El Pibe”, “Chelo”, “Tarzán” y “Tony”.
El cronista regional que contó el suceso en el periódico El Heraldo de Barranquilla dice que las malas lenguas de la zona donde pasaron los asnales acontecimientos no están muy convencidos de que Beto salió intacto de esa confrontación; no atinan a explicarse como pudo hacer para salvarse de un cuerpo a cuerpo tan desigual y de unos atacantes tan efectivos al momento de consumar sus salvajes pretensiones.

Una reflexión constante de Soriano en los días posteriores al hecho fue comparar sus métodos de conquista, refinados con las lecturas, con las salvajes formas que la naturaleza le permitió a la gavilla que violó a su burra querida y lo intentó con su apreciado Beto. Como el hecho fue noticia por la popularidad del maestro Soriano, la pregunta quisquillosa que ahora rueda de boca en boca es si los forajidos responsables del acceso carnal a Alfa también han abusado de otras burras de la región, en ese caso, eso querría decir que su prontuario tiene más depravaciones a cuestas. Por el momento se ha impartido la instrucción general de cuidar mulas, yeguas, puercas, chivas y todo lo que pueda desatar las indomables ansias de la banda en cuestión. Sobra decir que nadie puede ver cinco burros juntos porque se desata el pánico.

8 comentarios:

caselo dijo...

Indudablemente en este caso cinco burros de estas condiciones son un peligro; aunque en otras regiones del país sería para algunos todo un manjar jajajajajaja. Me encantó tu historia, la forma de narrarla y especialmente la última parte. Muy bien paisita, siga así, sin burro amarraoooooooooo. Un besote

Carlos Eduardo

Yedra y Yago dijo...

Si es que van como burros!!! Original tu historia, una bonita manera de empezar un martes con una sonrisa.
Pero lo que más me ha gustado lo del biblio - burro.
Un besote Borrascaaaaaa
Yedra

Herodes de la Bética dijo...

Originalísima y peculiar historia. Me ha encantado. Y lo de biblioburro, espectacular.
Un besazo

Novicia Dalila dijo...

Me gusta la iniciativa del biblioburro, que además de preservar la especie, no contamina nada de nada.
En cuanto a los forajidos violadores, no sé que decir. Me he quedado en blanco de la impresión... Es que ¡¡¡vaya organización ¡¡¡ Si en vez de violar burras les hubiera dado por asaltar bancos, su/s dueño/s ya no pasarían penurias en generaciones.

Un beso Borrasca

yole dijo...

Muy buena historia nos regalas...Espero no encontrar cinco burros juntos ( ni seis tampoco, ¡claro!)

Saludos nuevos.

Kostas Kamaki dijo...

Jejeje: ¿asnos, asnos ó asnos burros, burros humanos?.
Demasiada fantasía...
Besos de asno, como los que a tí tanto te gustannnnn, jajaja

boticcario dijo...

Me has dejado anonadado. A partir de ahora cuando vea cinco burros juntos (de 4 o 2 patas, lo mismo da), creo que dare un rodeo ;)

Ya en serio, me ha encantado la historia, y la genialidad de Luis Humberto para esparcir la cultura.

Besos

¸.•*♥¸.Angy¸.•*♥¸. dijo...

Me encanta la historia!

Muchas gracias por compartir...


Besitos

Angy