Te doy la bienvenida visitante de...

viernes, 29 de agosto de 2008

A propósito de celos... Tolstoi y Sonia

La imagen de la solitaria figura de una mujer madura, encaramada en puntas de pie sobre un cajón de madera, domina la escena. Es Sofía Andréievna Bers la esposa de León Tolstói, quien trata de vislumbrar —espiando por la ventana de una cabaña perdida en la estepa rusa— el cuerpo agonizante de quien fue su marido durante 48 años y a cuya cama no puede acercarse por exigencia de los médicos, de los hijos y del propio Tolstói. El escritor había huido de su casa de Yásnaia Poliana una semana antes, abrumado por los incesantes requerimientos de Sofia (a la que llamaba Sonia) para que le entregara los manuscritos sin publicar y los diarios íntimos en los que hablaba de ella.

Desde hacía ya muchos años su matrimonio naufragaba en querellas cada vez más ásperas. La esposa no toleraba que Vasili Cherkov —un intrigante al que Tolstói consideraba su mejor discípulo— se inmiscuyera en las peleas conyugales y de algún modo las estimulara. El escritor, a su vez, se negaba a mantenerlo apartado. Marido y mujer veían aquellas trifulcas como “una lucha a muerte” y en verdad lo eran. Se amaban pero la vida en común los estaba destrozando. Todo empezó mucho antes, cuando el conde Tolstói abandonó el Ejército y decidió terminar con su vida disipada, dedicarse a cuidar sus propiedades (había heredado una hermosa finca, Yasnaia Polaina, con trescientos treinta siervos) y seguir escribiendo, ya había publicado un par de libros con gran éxito. Pero para poder sentar debidamente la cabeza primero tenían que casarse; hasta entonces, Tolstói, que ya era un hombre maduro, no había hecho sino contagiarse de venéreas con múltiples mujeres de vida ligera, amar platónicamente a algunos hombres y mantener una tórrida relación con una de sus campesinas, una mujer casada con la que tuvo un hijo. Dado que esta historia duró desde 1858 hasta 1862, y que la emancipación de los siervos no tuvo lugar hasta 1861, la relación de León con ella fue la de un amo con su esclava.

La misma noche de bodas el escritor cometió un error mayúsculo, que desviaría para siempre el cauce de su dicha: le dio a leer a Sonia sus diarios de juventud, en los que contaba con lujo de detalles sus borracheras y lujurias de oficial joven. Creía sinceramente que, al poner al descubierto las flaquezas de su alma, ella podría comprender con quién se había casado y perdonar las heridas futuras, pero lo que logró fue abrir las compuertas de un torrente de celos y resentimientos que ya no se detendría. Dos semanas más tarde, Sonia empezó a escribir su propio diario. Se levantaba en medio de la noche para espiar lo que el marido había escrito e imprudentemente dejaba al alcance de su curiosidad, el inventario de los agravios que le adjudicaba. Entonces empezaban las reyertas cada vez más crueles, las acusaciones de infidelidad y desamor. Y sin embargo, los dos se amaban con un ímpetu que no apagaron los años maduros ni la desastrosa convivencia.

El 28 de octubre de 1910 Tolstói empezó a morir. Ya había escrito que sólo en soledad se podía aproximar a Dios, y él quería creer en Dios pues era el único camino que le quedaba después de haber recibido la gloria en vida por Guerra y Paz, por Anna Kareninna, por los honores de los Zares, por los comentarios de los críticos y su título de noble. Un día exclamó “Señor, dame fe”. Ese día, sobre las seis de la mañana, como una sombra, salió de su habitación hacia la cochera de su casa y se metió en un carruaje que instantes más tarde se dirigía hacia el Cáucaso a paso muy lento. Tolstói había descubierto a su mujer, Sonia, hurgando entre sus papeles. Esa mujer que ya no estaba en su alma había sido su amor y su penitencia durante más de 40 años. Con ella había tenido 13 hijos y había vivido hasta las más íntimas sensaciones. No obstante los celos, que rompieron la unión espiritual el mismo día del matrimonio al mostrarle su diario repleto de mujeres y amoríos y que ella nunca pudo superarlo, terminaron por llevarlos al odio. Tolstói llegó a la estación de trenes y desde allí le envió su última carta a Sonia: "He hecho lo que es habitual a los viejos de mi edad; abandono esa vida mundana para pasar los últimos días de mi vida en el retiro y en el silencio".

14 comentarios:

Yedra y Yago dijo...

so que los celos son un cáncer en cualquier pareja. A veces se pueden dominar, e incluso extirpar, a veces matan a la pareja, la destruye entamente e implacablemente.
Un beso
Yedra

Jano dijo...

Lo cual reafimra mi teoría:los escritos de juventud los carga el diablo.

Un beso tolstiano

(PD:como me gusta que me cuentes cosas...)

CalidaSirena dijo...

Estoy de acuerdo con lo que dice Yedra..los celos es una enfermedad que acaba consumiendo a quien lo padece y sobre quien los siente..
Besos mi linda Borrasquilla

Mariel Ramírez Barrios dijo...

Dios con esta gente
Y dicen que eran mucho más reprimidos que nosotros para mostrar los bajos sentimientos que a veces acompañan al amor
No eran reprimidos
eran constantes
lentos
y se destruían día a día hasta la muerte
puf
menos mal que nosotros podemos ,por lo menos,ir al analista,no?
jajajate mando un beso de finde
Ecxelente post
se aprende mucho!!

Mariel Ramírez Barrios dijo...

obvio,dedos con prisa
que es excelente

Reina dijo...

Gran error fue el de Sonia, que se amargó la vida solita. Gran error son los celos enfermizos que hacen ver fantasmas donde no los hay, personas inseguras, abrumadas por sus complejos,... y con poco que hacer, supongo, para estar todo el día espiando al de al lado. No entiendo los celos así, incluso me da pena, se debe pasar fatal!

Mi abuela, que era genial, siempre decía: "el que escucha, su mal oye".

Un beso Borrasca querida. Me ha encantado el post.

Roberto Esmoris Lara dijo...

Por esa razón yo nunca te celé..y me has dado motivos, vaya!...Me debes aún el retrato soñado de Borrasquita.
Te quiero, amiga!!!
REL

borrasca que no juega dijo...

Yedra tienes razón los celos son un cáncer en cualquier relación de pareja pero hay celos de celos, los compulsivos y sin razón no tienen ningún sentido y acaban por matar el amor, pero los celitos suaves para demostrar cuanto le amas me parecen deliciosos. Besitos

Jano ahí vas viendo, de cuando en cuando me entero de cositas y me gusta compartirlas, me alegra saber que te gustó. Un beso envidioso

Sirenita los celos dañinos matan, el quid es encontrar el punto de equilibrio. Besitos llenos de cariño

Mariel creo que en épocas pasadas la gente amaba u odiaba con más intensidad, manifestaban sus sentimientos con mucha pasión, ahora gracias al psicoanálisis parecemos unas badeas jajajaja Un fuerte abrazo amiga

Reina que razón tenía tu abuela, otra más para aplicarme. Besos y mi cariño por siempre

Roberto como me conoces bien por eso no me celas, yo no te celo a ti porque eres un sol. Borrasquita seguro sería igualita a mí, no faltaba más!!! También te quiero mucho, lo sabes de sobra...

Novicia Dalila dijo...

Muy fuerte y sobre todo, muy habitual, incluso un siglo y medio después...
Yo soy partidaria de que nos tiene que importar la vida del otro sólo desde que se empieza el camino en común. Lo anterior es preferible no indagarlo demasiado, para evitar sufrimientos seguros, pero somos así, especialmente las mujeres, lo reconozco, me reconozco en esa actitud...
Los celos duelen muchísimo. Al que los sufre y al contrario....

Un beso

Borrasca dijo...

Novicia Dalila bienvenida y te cuento que coincidimos en el mismo planteamiento: "Lo anterior es preferible no indagarlo demasiado, para evitar sufrimientos seguros, pero somos así, especialmente las mujeres..." A mí no me cuentan nada, pero yo pregunto y pregunto, parezco un disco rayado jajajajaja

Besitos

Anónimo dijo...

Leyendo a novicia dalila (con permiso) y a dama borrasca ... me sorprendo.
¿No eramos los hombres los celosos y los que siempre indagamos por quien fué afortunado antes que nosotros?

Xavier

Darilea dijo...

A veces es mejor vivir en la inocencia, que saber de pies a rabo todo lo que concierne una vida pasada.
Muack interesante lo que nos has contado.
:-)

Borrasca dijo...

Xavier para que veas, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ay hombeeeeee Un beso suave

Darilea que gusto tenerte de regreso; como dices es mejor no saber, pero recuerda que la ignorancia es atrevida... Besitos

Ana dijo...

Pues creo que son los hombres celosos, los que te espían y te acorralan, pero dar con una mujer así, ¡es mil veces peor! Conozco alguna y son terribles...

Menos mal que no soy celosa.

Besitos Borrasca, cielo. Te echo de menos.