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miércoles, 9 de abril de 2008

Un 9 de abril...

Es una fecha que asocio con violencia y barbarie, por lo menos desde hace 60 años. Pero primero defino que es "barbarie": Fiereza, crueldad, salvajismo, bestialidad, brutalidad, falta de cultura, o mejor otra definición que encontré y es la época en que los hombres solo se mataban de uno en uno. Palabra que procede del griego en su significado inicial "extranjero", en el sentido de "los que balbucean" o de "los que no conocen el griego".

Abril 9 de 1948
La mañana de un 9 de abril de 1948 un joven esquizofrénico que vivía en el barrio Ricaurte, salió de su casa sin bañarse ni afeitarse. Vestía un raído traje carmesí de tela rayada, zapatos amarillos rotos y un sucio sombrero de fieltro. A las 10 a.m. se dirigió al entonces famoso café "Gato Negro" localizado en el centro de la ciudad, popular sitio de reunión de intelectuales, periodistas, poetas y bohemios, localizado a pocos metros del edificio Agustín Nieto, donde un líder político tenía su oficina de abogado. Allí esperó hasta el momento en que el brillante jurista jefe del partido liberal y sus amigos llegaron a la puerta del edificio para ir a almorzar, siendo la 1:05 de la tarde, el homicida apuntó con su revólver y disparó tres veces sobre él. Apremiados por la inesperada circunstancia, sus acompañantes buscaron un vehículo para llevarlo a la Clínica Central. Allí falleció cuando se disponían a practicarle una transfusión de sangre. ¡¡¡MATARON A GAITÁN!!!

Estupefactos, los transeúntes, vendedores ambulantes y lustrabotas del sector empezaron a gritar: "¡Mataron al doctor Gaitán!, ¡mataron al doctor Gaitán!, ¡Cojan al asesino!". Un cabo de la Policía capturó a Juan Roa Sierra, lo golpeó y lo desarmó e ingresó con él a la droguería (farmacia) "Granada" cerrando la reja para proteger la vida del homicida. Cuando se le inquirió por el motivo que lo llevó a asesinar al líder político, él respondió: "No puedo. Son cosas poderosas que no puedo decir".Después, la turba enfurecida que se había formado en minutos alrededor del local sacudió la reja y la abrió. La muchedumbre ingresó y un lustrabotas le agredió con su caja de madera en la cabeza. Roa Sierra cayó al piso. Lo sacaron de la droguería y sobre el andén fue linchado.

La noticia de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán se difundió a todo el país. En Bogotá, la turba que se había congregado frente a la Clínica Central bajó a la carrera séptima y engrosó la marcha que se dirigía al Palacio de Nariño. Al llegar a la carrera séptima con calle octava, desnudaron el cadáver de Roa y amarraron los pantalones a un palo para ser agitados a modo de bandera mientras gritaban "¡Viva Colombia! ¡Abajo los godos!".Al llegar a Palacio, los manifestantes arrojaron el cuerpo desnudo de Roa Sierra contra la puerta principal. De inmediato salieron del Batallón "Guardia Presidencial" 80 soldados al mando del teniente Silvio Carvajal y procedieron a dispersar a los manifestantes, quienes abandonaron el lugar replegándose hacia la Plaza Bolívar.

Algunos grupos de revoltosos se congregaron en las esquinas de la Plaza. Comenzaron los incendios en el sector; primero ardió el Palacio de San Carlos, luego la Nunciatura Apostólica, los conventos de las Dominicanas y de Santa Inés, la Procuraduría General de la Nación, el Instituto de la Salle, el Ministerio de Educación, la Gobernación de Cundinamarca, el Palacio de Justicia y los tranvías. A la par de los incendios se iniciaron los saqueos a los almacenes, joyerías y platerías. A las 3 de la tarde salieron de la Escuela de Motorización (hoy Grupo de Caballería Mecanizado "Rincón Quiñones"), tres tanques de guerra y seis carros blindados al mando del capitán Mario Serpa rumbo a la Plaza de Bolívar. El capitán Serpa, para evitar el uso de las ametralladoras con que estaban provistas sus unidades blindadas, abrió la escotilla y trató de persuadir a los manifestantes para que se retiraran. En ese instante tres tiros hirieron mortalmente al capitán. De inmediato los tanques dispararon sobre la multitud.

Aunque el sector del Palacio Presidencial fue controlado por el Ejército, la autoridad en la capital desapareció. Los policías se sublevaron, apoyaron la revuelta, distribuyeron fusiles entre espontáneos francotiradores y, en la Quinta Estación, trataron de organizar con algunos líderes gaitanistas una junta revolucionaria para darle alguna dirección al movimiento insurgente y derrocar el gobierno de Ospina Pérez.

Hacia las 6 de la tarde llegaron al Palacio Darío Echandía, Carlos Lleras, Plinio Mendoza y Luís Cano. El presidente los recibió con sorpresa, pues él no los había invitado. Los dirigentes sugirieron que la solución era la renuncia del primer mandatario. Ospina les manifestó que eso provocaría una guerra civil, pues en el resto del país la situación estaba controlada, los gobernadores y alcaldes le respaldaban y las Fuerzas Militares adelantaban los operativos necesarios para restablecer el orden.

En las otras ciudades del país, la revuelta estalló en focos dispersos, parciales, en actitudes grupales o aisladas, pero reflejaban la situación de indignación del pueblo liberal.

A medida que iban pasando los días, la situación se fue normalizando: el 10 de abril Ospina nombró ministro de Gobierno al dirigente liberal Darío Echandía, el 11 de abril Laureano Gómez viajó rumbo a España, el 13 de abril se reanudaron la sesiones de la Conferencia Panamericana; en fin, la ciudad volvió a su tranquilidad y la violencia continuó, como fue habitual desde la década de los años, en las provincias y zonas rurales del país.

Si después del asesinato de Gaitan Bogotá volvió a la normalidad, no hubo ningún cambio estructural en el gobierno ni en sus instituciones y la violencia partidista no nació a partir de este acontecimiento, ¿por qué el homicidio de Gaitán cambió la historia de nuestro país?

Porque su muerte recrudeció la exclusión y persecución política del contrario e hizo patente la crisis de legitimidad del Estado. La violencia que se generó en el campo provocó un desplazamiento masivo de la gente hacia las urbes, y fue de esta manera como las ciudades empezaron a tener asentamientos humanos subnormales conocidos como tugurios. Los pobres de entonces engrosaron la clase media y los emigrantes y desplazados del campo formaron el estrato bajo e indigente que vive entre la penuria y el hambre. Esa nueva clase social, miserable y desposeída hasta de la esperanza, que sólo se tuvo en cuenta como un fenómeno migratorio años más tarde, y que hoy por hoy es otro factor de desestabilización que afecta a toda la Nación colombiana.

Abril 9 de 2008

Dos ciudadanos colombianos fueron quemados vivos por habitantes de la localidad de San Vicente, provincia costera de Manabí, en el oeste de Ecuador, por presuntamente robar y asesinar a un comerciante. Una hora después de emprender su fuga fueron hallados por la Policía y, cuando eran llevados a la cárcel, pobladores airados los golpearon con piedras y los amarraron para prenderles fuego.

Según relató el diario 'La Hora' de Manabí, "la hoguera mortal fue alimentada con maderos sacados de todas partes. Hombres y mujeres cansados de los sucesos delictivos aprovecharon la ocasión para desahogarse". Nadie retiró los cuerpos del medio del parque central, hasta que fueron las 9 p.m. La cadena Teleamazonas difundió las escenas del linchamiento, que fueron grabadas en un teléfono celular.

El gobernador de la provincia de Manabí, aseguró a EL TIEMPO que el linchamiento no fue un acto xenófobo: "Se trata de una reacción popular ante un hecho delictivo cometido con alevosía y con todos los agravantes contra un hombre muy querido por la población", señaló. No es la primera vez que algo así sucede en Ecuador. Casos de "justicia por man propia" se registran esporádicamente en diferentes sectores, particularmente en el sector idígena donde azotan, ortigan y bañan en agua helada a quienes encuentran delinquiendo. "La gente está cansada de tanta delincuencia que mata, roba y asalta sin ningún control", comentó un ciudadano, mientras los planes de seguridad ciudadana intentan ponerse en marcha. Aún sin resultados.

La turba enardecida reaccionó en ambos casos como bárbaros, con fiereza, crueldad, salvajismo y brutalmente contra los asesinos de dos hombres queridos por el pueblo, porque estaban cansados de tanta injusticia y esperaban o esperan un futuro mejor, pero ni antes ni ahora esta violencia irracional logrará ese anhelado deseo, aunque la esperanza es lo último que se pierde, por fortuna Pandora no la dejó escapar de la caja.

1 comentario:

caselo dijo...

Hola gracias por tu visita y comentarios. Bueno es evidente que eres de este terruño ¿me equivoco? En todo caso tu relato del 9 de abril es estupendo y ese contraste del drama que se vivió en Ecuador con el linchamiento de dos colombianos quedan retratados de manera trágica en el cuadro de Botero. Te felicito sinceramente, pasaré por aquí más seguido y esper tu visita; eres bienvenida a mi casita. Un abrazo,

Carlos Eduardo